Febrero, 2010

Las universidades deben crear condiciones para que los docentes promuevan la escritura académica. ENTREVISTA a Paula Carlino.

Adela González M. – Periodista. Universidad de Los Andes Táchira.
Marisol García – Docente universitaria. Universidad de Los Andes Táchira.
Foto: A. González

Tras una experiencia de quince años de investigación sobre la escritura académica, Paula Carlino, docente de la Universidad de Buenos Aires, publicó recientemente el libro Escribir, leer y aprender en la universidad. Una introducciÓn a la alfabetización acadÉmica. En esta entrevista ofrece su visión de lo que sería una deseable política institucional universitaria de promoción de la escritura académica.


La investigadora argentina Paula Carlino, doctora en Psicología de la Educación e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) de la Universidad de Buenos Aires, visitó Venezuela durante la celebración del V Congreso Internacional de la Cátedra Unesco sobre lectura y escritura, efectuado en Caracas el año pasado. La profesora Carlino concedió una entrevista para abordar tópicos relativos a las políticas institucionales, universitarias, para promocionar la lectura y la escritura en la Universidad.

Comenzó refiriendo que su marco de estudio parte de la psicología, pues es psicóloga. Y como docente universitaria comenzó a pensar, hace cerca de una década, que debía ocuparse de que sus alumnos leyesen y escribiesen de la manera que se espera.

“[En la universidad,] los docentes no sabíamos cómo hacer que los alumnos leyesen y escribiesen bien. Comenzamos por estudiar lo que hacen al respecto otras universidades del mundo, sabiendo que estábamos frente a un problema didáctico, es decir, hay que pensarlo como un triángulo: los alumnos y sus historias previas; un contenido, un saber como las prácticas de lectura y escritura en cada cátedra, y en el otro vértice, los docentes y qué podemos, qué condiciones podemos crear para que nuestros alumnos aprendan. Esto es distinto a decir ‘los alumnos no saben escribir, es un problema de ellos’ ”.

“La didáctica es una disciplina. Revisamos su historia, para ver cómo han resuelto otras universidades problemas similares. Emprendimos un estudio a fondo. Y descubrimos un panorama muy distinto de lo que se hacía en Argentina –estoy hablando de hace diez años. En nuestro país, algunas universidades daban cursos de redacción inicial. Pero la mayoría de los docentes se quejaban de lo mal que leen y escriben los estudiantes”.  

Al decir de Paula Carlino, el referido estudio reveló que en otras universidades del mundo se hacía mucho más por mejorar la lectura y la escritura de los estudiantes. “Por ejemplo, desde el enfoque de escribir a través del curriculum, o escribir en las disciplinas. Es decir, hay programas, con apoyo de la universidad, que forman a los docentes y crean las condiciones para que los profesores de todas las asignaturas del currículo universitario se ocupen de acompañar y retroalimentar las formas en que sus alumnos leen y escriben los contenidos para cada una de sus asignaturas”.

Los antecedentes de estas experiencias residen, dice Carlino, en Estados Unidos, a fines de los años 70, y en Australia, a fines de los 90. Y refiere que hay muchas publicaciones en inglés que registran la experiencia.

Practicar formas de enseñar más incluyentes

Al profundizar en el estudio de cómo las universidades de esos países fomentan la lectura y la escritura de sus estudiantes, expresó: “En Argentina entendimos que no podíamos seguir quejándonos de los alumnos. En universidades de élite se están ocupando de la lectura y la escrita a lo largo y ancho de sus estudios universitarios. Entonces, nos preguntamos ¿qué pasa con nosotros que, se supone, queremos promover que se incluyan otros sectores sociales en la universidad? Nos interrogamos ¿qué pasa con nosotros, que simplemente exigimos, pero no enseñamos a leer y escribir?”

“Entonces nos dimos cuenta que teníamos que intentar, y poner a prueba formas de enseñar. En mi aula emprendimos una investigación-acción, durante seis años, en el marco de la asignatura ‘Teoría del aprendizaje’. Diseñé y probé distintas situaciones para orientar, retroalimentar la lectura y la escritura requerida en las situaciones de evaluación. La experiencia está publicada en el libro Escribir, leer y aprender en la universidad. Una introducción a la alfabetización académica, editado por el Fondo de Cultura Económica. Éste es el aporte que, en mi caso particular, he hecho al tema.

-- ¿Cuál debería ser, entonces, el rol de un docente universitario, de cualquier asignatura, en relación con la lectura y la escritura?

 PC: Ese ‘deber ser’ me preocupa, pues no habría que exigirle al docente que sea como debería ser, sino que las universidades deberían crear las condiciones para que este docente pueda convertirse en lo que esperamos que sea, y como describiré ahora.

“Estoy hablando de una responsabilidad compartida. No se trata ni de culpar a los alumnos ni de culpar a los profesores. Hay que entender que no necesariamente el profesor de Biología, de Historia o Geografía, sabe leer y escribir en su asignatura, y si lo sabe, es probable que no haya reflexionado sobre ello, y no puede convertir su ‘saber hacer’ en un saber enseñar. Para ello requiere formación, provista en un contexto interdisciplinario; una formación de largo plazo. Es un proceso de un par de años, con acompañamiento. Tenemos experiencias sobre ello, publicadas en Lectura y escritura, un asunto de todos; en este libro exponemos la experiencia de más de dos años desarrollando un estudio en la Universidad Nacional del Comahue, al Sur de Argentina, en la que trabajamos con profesores universitarios de distintas asignaturas, y con profesores de la educación media, pues pensamos que éste es un asunto no sólo del nivel universitario, también atañe a los otros niveles educativos, y creemos que el trabajo conjunto será fructífero, y ese es el libro que acabamos de publicar.  El libro pronto estará disponible en Internet”. Paula Carlino indica que al buscar en la red “Universidad del Comahue”, asociado al “programa de mejoramiento de la escuela media”, se encontrará allí el libro Lectura y escritura, un asunto de todos.

El libro plantea que si los profesores piensan que los alumnos han de leer y escribir de tal modo, y han de hacerlo con un buen nivel, entonces han de acompañar a los alumnos con herramientas, con discusiones sobre lo leído, con orientaciones sobre qué se espera de como escriban, con análisis de los textos que se desea que ellos produzcan, con discusión sobre cómo se escriben los contenidos… por nombrar algunas de sus expectativas como docentes, y sus retos ante sus alumnos.

Invertir recursos en formación docente

-- ¿Qué coincidencias ha podido hallar usted, entre las diversas universidades latinoamericanas que la han invitado a compartir su experiencia, en cuanto a cómo abordan el tema de la lectura y la escritura académica?

PC: “Creo que en la mayoría de las universidades latinoamericanas hay un proceso similar al que vivimos en Argentina.  Algunos profesores, de algunas facultades, de algunas universidades, están tomando conciencia sobre el asunto, y hemos comenzado a hacer cosas inorgánicamente, aún sin apoyo institucional, es decir, sin políticas universitarias que tomen en serio el tema de la lectura y la escritura en las distintas asignaturas, y que impliquen inversión de recursos en el estímulo y formación de profesores de las distintas asignaturas para que a su vez puedan ocuparse de la lectura y la escritura en sus materias. Aún no veo políticas institucionales en este sentido; sólo veo docentes comprometidos con estas propuestas, que están intentando comprometer a sus instituciones”.  

No obstante, Paula Carlino menciona una interesante experiencia de política institucional con este perfil, conocida como la Red LEES. “El proceso institucional más interesante que he visto en Latinoamérica es el de la Red LEES, que involucra a investigadores de más de medio centenar de universidades colombianas, quienes están trabajando desde hace tres años en generar políticas en  sus casas de estudio, para que justamente los profesores de las diversas asignaturas se ocupen de la lectura y la escritura. Y han recibido apoyo de lo que sería allá la asociación nacional de rectores colombianos, quienes les han aportado recursos para realizar jornadas anuales sobre el tema. La Red LEES trabaja por nodos, y ponen  sus experiencias en común, en Internet. Creo que es una experiencia destacable en América latina”.  

-- ¿Son ese tipo de acciones las que deberían emprender las universidades para ser más eficientes en el desarrollo de la lectura y la escritura?  

PC: Pues creo que debemos asumir que promover la lectura y la escritura en la universidad no se trata sólo de aspirar a que los alumnos se expresen mejor por escrito, o comprendan mejor lo que leen. Hay que entender que no se trata de fortalecer competencias comunicativas, sino que lograrlo redundará en que estén mejor formados en cada una de las materias o carreras que estudien, y sean mejores profesionales. Saber leer y escribir les permitirá entender y elaborar el conocimiento propio de las asignaturas.

Carlino acota que en la enseñanza de la lectura y la escritura hay que considerar dos ‘costados’ o planos: el de las competencias comunicativas, y el de las competencias cognitivas, “pues la lectura y la escritura son herramientas epistémicas”, dice con énfasis.

Los incentivos impulsan la promoción de la escritura académica

“Si las universidades entendieran que es deseable que los estudiantes aprendan la lectura y la escritura en todas las asignaturas de sus carreras, tendrían que ponerlo por escrito en sus estatutos, y estar dispuestos a repensar la distribución de recursos en la universidad, para desarrollar programas sostenidos en el tiempo, en donde se plantee que los docentes de todas las asignaturas no necesariamente saben cómo ocuparse de la lectura y la escritura de sus alumnos, y que aborden este problema. Ello implica un trabajo de formación interdisciplinario entre profesores de las distintas asignaturas con especialistas en lectura, escritura, aprendizaje y enseñanza; implica generar políticas de estímulo, porque si a un profesor de Biología le dicen ‘además de enseñar tu asignatura te debes capacitar, y empezar a enseñar a leer y escribir’ probablemente se rehusará, porque asume que ello no le compete”.

En el taller que dictó durante el V Congreso Internacional Cátedra Unesco, Paula Carlino habló de una serie de incentivos para profesores de todas las asignaturas, entre los que mencionó el otorgar pequeños subsidios a proyectos de innovación educativa de las cátedras universitarias; organizar jornadas periódicas donde los docentes puedan presentar sus experiencias de aulas; realizar publicaciones donde el docente pueda escribir sus experiencias de aula para publicar un libro; “ser autor puede ser un desafío estimulante”, dice.  Asimismo, facilitar la formación prolongada de los docentes, el intercambio de experiencias en jornadas, congresos y publicaciones que compilen las mejores ponencias y experiencias.

“Esto lleva tiempos muy largos, la alfabetización académica no es una moda;  un curso de una semana no va a reconvertir de inmediato a los docentes. Una política universitaria de promoción de la lectura y la escritura no puede ser hipócrita, no debe proclamar la promoción de la lectura y la escritura mediante cursillos cortos. Debe basarse en acciones de largo plazo”, finalizó Paula Carlino.